jueves, 8 de enero de 2009

Mansilla Raúl













Copetín al paso

Tanto va el cántaro a la fuente que la sobriedad no es ningún mérito
para el hombre sentado en el bar.
Es la roja promesa nacional.
Entre la banqueta de madera, el vidrio, el mozo nuevo
y el payaso llorando en el cuadro.

Todos hacen al héroe que bebe en el bar.

Everybody, este es el equipo de primera
los abstemios mienten, fabulan, no son capaces de quemar sus vidas, piensan en en el futuro que nunca está, no agarran firmes los vasos, y estos, huyen por la ruta 40.

Un niño que con su madre entra al baño,
interpreta, medianamente al hombre, la perla, el héroe.

Y dice: el vaso, las llamas en el desierto de Trelew,
las capas de asfalto por interpretar, espacio construído con ahínco, con la ruta ahí tirada a los pies, chorreada, demarcada por envases de tetra, donde lee el futuro con la borra tinta, lee manos como diarios, ostra encendida, perla sonora, perla por héroe, borracho por borracho, es el agua bendita lo que rueda, el invento rolling stone, el invento de la piedra sobre el agua. Vida, perla, estalactita. Hombre destilado. La madre lo reprende.

En este bar con héroe todos los caminos conducen al vino, los vasos no tienen alrededor, testigos, coartada, solo están atados a un destino rojo que mancha relojes, blusas, y la camisa, sudario santo con que se seca la cara, la cara y seca de la vida.

Aturdido, pero feliz, pide la cuenta, respira hondo, mira la calle Mitre, donde todos tienen el agua al cuello, el nuevo mozo sonríe, pero solo piensa en su propina.


DURAS COMO EL VIAJE


Le hacían mal las drogas.
Confundía las cosas simples con las complejas.
No podía ir al almacén.
Los sueños del viaje a Las Grutas con la tenista rusa nunca se cumplirían.
En cambio pistolas y rosas. Guns and Roses. En cambio, monedas para traicionar.
Sin embargo otra vez en la ruta 40 llamando a su demonio perfecto.

El calentamiento no era ni por asomo global, se situaba solo en los márgenes donde moría la ruta cuarenta.
Sin decoro los autos se pasaban de carril untando con el dedo
el culo de la china muerta.

Pero él se miraba irse.

Indagaba sobre el Croata el Serbio,
buscaba papeles, libros, coartadas.
El porqué de tanto viaje.
Venirse a la Argentina. Para qué?

Y los Mapuches?
Y el bandoneón al costado del camino, tan tan tan tan
ta ta tan
Y la trutuca?
Y el policia negro pidiendo documentos en Senillosa,
el policia en la nuca, pidiendo documentos con la perra laika
olfateando su vida dedicada a lleno
a la vida de Juan Benigar
por la ruta
cuarenta
le hacían mal
las drogas duras como el viaje.

PATEANDO PERROS EN EL RINCON DEL DIABLO


En ese rincón del diablo un perro orinó mis dominios
lo dejé un día, lo dejé dos.

Una madrugada, inflexible, distanciado de Dios
activé la patada que todos tenemos en la manga
y el perro arrastrado por fuerzas que no quiso
sucumbió ante la arista de hormigón.

Decúbito dorsal, con un ojo entreabierto,
intentaba explicarme el rito ácido
que comprendería mucho más tarde.


RUINAS CIRCULARES

Nueve personas nos separaban del camino donde la serpiente mordía su cola.
Para creer en eso del eterno retorno, Roma y el artículo “la” en la palabra mar,
la la la la la mar
y rodar y rodar para volver al principio
ar ar ar
donde todavía esperaba la tele, el equipito de música y las ojotas de brasil.

No quiero conocer más gente, dijiste, cuando todo era circular, y rodabas por la ruta cuarenta con tus dos certezas. Nueve personas nos separaban tras la palanca de cambio.
El espejo retrovisor medio lleno y medio vacío rodando por el cielo de la ruta cuarenta
Las banderas rojas del gauchito Gil eran el cinto de Dios que aprieta pero no ahorca.

Nueve personas entre la tormenta de volver al inicio y la marcha larga desde el campo a la ciudad de los paisanos de Varvarco y la camioneta de la provincia repartiendo colchones y la boleta azul y tu cama que esperaba sin hacerse.

Nueve personas en ruinas circulares
mordían su cola en la noche del viaje
y
rodar, rodar, rodar.
La mar estaba serena.
La mar
estaba
serena.

VERANITO DE SAN JUAN
A Héctor Ordóñez


No nombro esta noche por la santa madre de los nombres que genera el año nuevo
Mapuche ni como el espejo de ese otro en el que creía mi padre y que yo también, ahora que lo pienso equivocado por el veranito de san Juan, persignándote por cualquier cosa, teniendo miedo de decir las cosas como son o de enfrentar al almacenero que le vendía vino cuando estaba muy enfermo.

O

O, que daba la posibilidad de otra cosa, de que sea otra cosa distinta de lo que pensaba, que éramos hijos del fragmento que el siglo veinte había sido demasiado fuerte
Débiles del siglo veintiuno contando como siempre con los dedos.

La ballena que está a mi lado no es diminuta porque no razone ni tenga sentimientos
Es pequeña porque es un cenicero o un recuerdo de madera que te traje de Madryn, te acordás? Quizás ahí estábamos mejor, más en el centro, no tan en los extremos, es que el equilibrio es difícil, lejano, no para cualquiera.

Quisiera no escuchar ese tema porque me recuerda al otro que pensaba que el hondo suspirar era una herramienta de socavar las estructuras de aquella mirada tierna y que luego fue fiera, descomunal garra rasgando los vestidos de un año o más ya no se, por otro lado que importa si nunca mas tendré cuarenta y tres, si nunca más mi barba será totalmente negra.

El día termina y está por comenzar otro, falta un minuto. Pero cambia algo?
………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………………….. Estos puntos suspendidos marcan un minuto en la vida, en la divisoria de aguas entre un día y otro, 12,00 dice la máquina, que puede estar en el correcto uso horario. Sin embargo los números siguen siendo tan poco inocentes al demarcar territorio, están tan acostumbrados a definir nuestros actos, representan tanto los 666 los 999
como las 1000 y una noches de este veranito de San Juan.


UN CHABON EMPEDO SUEÑA A MARYLIN MONROE

EN EL RIO LIMAY



Mojó sus dos dedos de frente en el Río Limay

Sacudió su cabello exprimido por el vino en caja y otras sustancias on the rocks

Se tiró panza arriba y a dormir.

Los pájaros hacían la suya, los grandes picoteaban con sabiduría, los chicos y las chicas, ya se sabe, chapoteaban.



Cuando abrió los ojos quiso hacer animales con las nubes,

pero Neuquén no era la rioja,

y acá hay otras nubes,

son como cuadros de Modigliani, estiradas, prontas a retirarse a mejor vida,

dentro de botellas New Age.



De nuevo cerró los ojos y pensó en el viento de pampa salamanca levantando el vestido de marylin monroe y no solo se humedeció el mundo en ese momento personal

sino que se paró y no continuó la vida contra lo que solía decir Darwin.



El viento comenzó a correr como dos, epulef, dirían los mapuches,

El viento, y pensó en los camiones volcados en comodoro

y dijo: “no todo es seda, el viento de picún nace en la mawida roja del chachil,

y en su corta vida deja capullos de neneo y jarilla en las puertas de los intrusos que miran al oeste”.



TEXTUAL



Aunque la oralidad es la que más pierde, sonó nuevamente un río, el chubut, que fue soñado tantas veces, eso no impidió que el agente le pegara despacito en la pierna,

pidiéndole que se levantara,

porque había familias con niños que también correteaban EPULEF

y que debía lavarse la cara si no quería ir a la seccional

y también le pidieron documentos

que tenía

pero estaban húmedos

como la bombacha de Marylin.














Raúl Mansilla: nací en Comodoro Rivadavia (Chubut), ahora vivo en Neuquén. Soy Docente y he publicado los siguientes libros: “Mariaismo”, “De la construcción de mitos y otros sucesos”; Las Estaciones de la Sed”; “El Héroe de Liquido”; y los libros artesanales: “No eras un viajero Inglés” y “Ojos Rojos”. Estos textos son inéditos.

Mis autores preferidos son Macky Corbalán, Graciela Cros, Cristian Aliaga, Jorge Spíndola, Carlos Blasco, Sebastián González, Carina Nozenso, Andrés Cursaro, Ariel Williams, Liliana Ancalao, Liliana Campazzo, Miguel Sabatini, Eliana Navarro, Marcela Saracho, Melissa Bendersky, Bustriazo Ortiz, Juan Carlos Moises, y muchos/as más.