miércoles, 7 de enero de 2009

Pacheco Ruiz Marina








DICIEMBRE


Lejos el olor a madreselvas

de aquel Tucumán,

y más lejos aún

el recuerdo

solo de mi padre, el sombrero marrón,

sus injurias contra el tiempo

y el cric-crac

de la vieja silla de madera

donde se sentaba.



LA HIJA DEL AGRICULTOR



Mi padre tenía una patria reseca

hecha de maizales amarillos

y unas cuantas chapas oxidadas puestas

sobre dos palos donde doraba al sol las semillas más tiernas.

Nunca supe de música ni sueños,

él llenó mis días vacíos

con un lenguaje de arados y de naipes.



Hacia el sur

siguiendo un montecito bajo de matas espinosas,

mi padre, el agricultor

sembró mis primeros destierros.




LA CERTEZA DEL BARRILETE




Ni gestos ni palabras

habrán de matar el deseo.

Ni gestos ni palabras:

por eso tu memoria es hoy

la mano tensa que sostiene el hilo,

el aire tibio de julio,

y esa sombra roja y amarilla

que atraviesa el cielo claro

de este Tucumán en ruinas.






UN AGOSTO MAS CLARO

a H


Hoy estabas en mi sueño

poblando de luciérnagas

una larga calle de mi infancia,

me hablabas, creo

del cordón desatado de tu zapato izquierdo

y de la risa que llueve

sobre los viejos tomos de Proust.

No había de por medio

cárcel ni exilio:

sólo tus palabras,

mi deseo.

y el séquito de mariposas blancas

que se estrellaba contra el tiempo.



RODOLFOS


Uno me contaba la historia,

el otro,

el joven,

el más triste

me hablaba solamente de un destino.

Ambos están ahí,

este ron macerado con hierbas,

o el añejo de ayer

me acercan a ellos para robarles los ojos,

la mesa de dominó,

el mar tibio,

la alegría que duele.

la luna que me falta.



LA EXTRANJERA


Queda el oscuro desierto,

la casa prestada,

los cubiertos heredados que nunca usaremos

y la esperanza inútil

inundando la vida,

la plaza del frente,

los tres árboles que plantamos ayer,

cuando era marzo y no había niebla.

Queda la sospecha, acaso cierta,

de que nunca es nada como en el sueño,

ni siquiera el sueño ,ni el sol

ni la clausurada

y absurda

patria de mi nombre.



TRAICIONES


No me pregunten por estos barcos:

ocurre que yo sólo

amé a una patria enteramente

hecha de luciérnagas,

el viento tibio de agosto,

y aquella gente reidora y bulliciosa

nombrando en voz alta la miseria.



EDUARDO



Entré a tu país de arena y viento

y hubo días buenos

en que nos sentábamos en el comedor de la casa sola

a mirar fotos amarillas.

En esas fotos no había nubes para tus aguadas,

nadie llovía en tu memoria hecha de barcos

y de matas negras.

Yo era y soy una invasora en tu país:

no me acostumbro a los días largos,

al sol entero , ni a las mañanas luminosas

nací de noche, nuestro hijo nació de noche,

mi insomnio

contaba las estrellas,

adivinaba incluso la luz de las ausentes.

Por eso de tu país de arena y viento

yo solo amaba tus ojos ,

la sobremesa incendiada de cigarros

y esa tibia luna de tus silencios.





RETRATO



Yo era la cronista

la que escribía historias que otros me contaban,

yo era quien grababa los símbolos del destierro.

con un grabador robado

marca Sony,

y aquel, el que revisaba mis textos,

el que comerciaba con mis palabras.

aún espera, cínico

detrás de la hoja en blanco.


Marina Pacheco Ruiz: nace en Monteros (Tucumán. Escritora y periodista. Cursa estudios de Teatro en la Universidad Nacional de Tucumán. Desde 1995 reside en Puerto Deseado, Santa Cruz. Obtuvo muchos premios, tanto nacionales como internacionales.
Editó "El discurso de la mirada" en 1994, y "Un agosto más claro" en 2005. A ese libro pertenecen estos poemas.

Autores favoritos: seguro estoy omitiendo a muchos pero los que me acompañan de manera permanente son Heberto Padilla, Octavio Paz , Gonzalo Rojas , Máximo Simpson, Alejandro Nicotra, Ezra Pound, Rolando Revagliatti, Lina Cafarello y Jorge Spindola a quien estoy descubriendo ahora y estoy absolutamente impresionada.

Lo que me gusta de la patagonia son las noches cerradas y largas, odio el verano, el interminable día .