
DICIEMBRE
Lejos el olor a madreselvas
de aquel Tucumán,
y más lejos aún
el recuerdo
solo de mi padre, el sombrero marrón,
sus injurias contra el tiempo
y el cric-crac
de la vieja silla de madera
donde se sentaba.
LA HIJA DEL AGRICULTOR
Mi padre tenía una patria reseca
hecha de maizales amarillos
y unas cuantas chapas oxidadas puestas
sobre dos palos donde doraba al sol las semillas más tiernas.
Nunca supe de música ni sueños,
él llenó mis días vacíos
con un lenguaje de arados y de naipes.
Hacia el sur
siguiendo un montecito bajo de matas espinosas,
mi padre, el agricultor
sembró mis primeros destierros.
LA CERTEZA DEL BARRILETE
Ni gestos ni palabras
habrán de matar el deseo.
Ni gestos ni palabras:
por eso tu memoria es hoy
la mano tensa que sostiene el hilo,
el aire tibio de julio,
y esa sombra roja y amarilla
que atraviesa el cielo claro
de este Tucumán en ruinas.
UN AGOSTO MAS CLARO
a H
Hoy estabas en mi sueño
poblando de luciérnagas
una larga calle de mi infancia,
me hablabas, creo
del cordón desatado de tu zapato izquierdo
y de la risa que llueve
sobre los viejos tomos de Proust.
No había de por medio
cárcel ni exilio:
sólo tus palabras,
mi deseo.
y el séquito de mariposas blancas
que se estrellaba contra el tiempo.
RODOLFOS
Uno me contaba la historia,
el otro,
el joven,
el más triste
me hablaba solamente de un destino.
Ambos están ahí,
este ron macerado con hierbas,
o el añejo de ayer
me acercan a ellos para robarles los ojos,
la mesa de dominó,
el mar tibio,
la alegría que duele.
la luna que me falta.
LA EXTRANJERA
Queda el oscuro desierto,
la casa prestada,
los cubiertos heredados que nunca usaremos
y la esperanza inútil
inundando la vida,
la plaza del frente,
los tres árboles que plantamos ayer,
cuando era marzo y no había niebla.
Queda la sospecha, acaso cierta,
de que nunca es nada como en el sueño,
ni siquiera el sueño ,ni el sol
ni la clausurada
y absurda
patria de mi nombre.
TRAICIONES
No me pregunten por estos barcos:
ocurre que yo sólo
amé a una patria enteramente
hecha de luciérnagas,
el viento tibio de agosto,
y aquella gente reidora y bulliciosa
nombrando en voz alta la miseria.
EDUARDO
Entré a tu país de arena y viento
y hubo días buenos
en que nos sentábamos en el comedor de la casa sola
a mirar fotos amarillas.
En esas fotos no había nubes para tus aguadas,
nadie llovía en tu memoria hecha de barcos
y de matas negras.
Yo era y soy una invasora en tu país:
no me acostumbro a los días largos,
al sol entero , ni a las mañanas luminosas
nací de noche, nuestro hijo nació de noche,
mi insomnio
contaba las estrellas,
adivinaba incluso la luz de las ausentes.
Por eso de tu país de arena y viento
yo solo amaba tus ojos ,
la sobremesa incendiada de cigarros
y esa tibia luna de tus silencios.
RETRATO
Yo era la cronista
la que escribía historias que otros me contaban,
yo era quien grababa los símbolos del destierro.
con un grabador robado
marca Sony,
y aquel, el que revisaba mis textos,
el que comerciaba con mis palabras.
aún espera, cínico
detrás de la hoja en blanco.
Marina Pacheco Ruiz: nace en Monteros (Tucumán. Escritora y periodista. Cursa estudios de Teatro en la Universidad Nacional de Tucumán. Desde 1995 reside en Puerto Deseado, Santa Cruz. Obtuvo muchos premios, tanto nacionales como internacionales.
Editó "El discurso de la mirada" en 1994, y "Un agosto más claro" en 2005. A ese libro pertenecen estos poemas.
Autores favoritos: seguro estoy omitiendo a muchos pero los que me acompañan de manera permanente son Heberto Padilla, Octavio Paz , Gonzalo Rojas , Máximo Simpson, Alejandro Nicotra, Ezra Pound, Rolando Revagliatti, Lina Cafarello y Jorge Spindola a quien estoy descubriendo ahora y estoy absolutamente impresionada.
Lo que me gusta de la patagonia son las noches cerradas y largas, odio el verano, el interminable día .
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