sábado, 27 de junio de 2009

Póstumos- Omar Terraza








EPITAFIO PARA UN SIGLO

(fragmento)

Porque si acaso sembrara a la muerte
(a la muerte de este siglo)
hasta habitarme de ella
como Santa Cruz 1921,
como Iquique en la proletaria y fatal semana,
como Hiroshima o Trelew siglo XX,
o Juan, simplemente Juan
que se murió en plena calle buscando pan.
Porque si acaso todo esto sembrara,
hasta habitarme de esto y de muerte,
aún sería pequeño mi país necrológico
de otoño y de bruma.
Porque no sólo muere
quien cierra los ojos y se echa al olvido.


EL VIEJO

El viejo, que es como decir la Historia,
la vieja y ese otro poco yo,
y después lo demás, que sin ser ni la
vieja ni yo,
le aguantó los ojos, el silencio, la caída.

Y esos ojos también, donde al amparo
del frío las cosas queridas se perpetuaron
hasta los míos.
El viejo, que es como decir mis espaldas,
después la lluvia.

MI POEMA

Ha de ser mi poema corriente y vital.
Para que esté seguro en todos los bolsillos,
para que no pueda perderse,
ha de ser mi poema corriente.
Verbal y comible
como un fruto redondo.
Con zapatos y semáforos,
como es la vida en las ciudades.
Con ríos y arados
como es la vida en las campiñas.
No ha de ser más rebelde que tu sangre
ni más puro que tus ojos.
No ha de ser mi poema más perfecto
que un ladrillo.
Ni tan hermoso como un regreso
en fiestas de fin de año.
No ha de ser disfraz de obrero
con aliento de señor angustiado.
Ni ha de ser la sombra de tu cuerpo.
Ha de ser construido por hombres
no más allá de sus talones,
no más acá de su suerte.


OMAR TERRAZA

Omar Terraza nació en Comodoro Rivadavia el 4 de febrero de 1954. Fue un poeta prematuro, como prematura fue su muerte el 3 de julio de 1977, en su Comodoro natal. Apenas había cumplido veintitrés años. Algunos de sus poemas se habían difundido en diarios de la ciudad y en el libro Poesía inmediata, que incluía poemas suyos y de otros escritores comodorenses. En 1973 escribe Hombre Sur, una cantata sobre los habitantes originarios que en su primera parte refiere esa forma criminal de civilización llamada conquista, y en su segunda parte, la llegada de los colonos galeses al Chubut con su fuerte identidad cultural y su idea de convivencia. Hombre Sur conoció el favor y el fervor del público, porque fue en realidad un espectáculo que integró la poesía y el canto, lo escenográfico y lo teatral, en el que participaron jóvenes artistas de la ciudad. En ese mismo año obtiene el primer premio en el certamen de poesía del Centro de Escritores de Comodoro Rivadavia con la obra Epitafio para un siglo. Tuvo la urgencia de decir lo que era necesario decir en aquel fugaz despertar social y político que se inició poco antes de las elecciones de marzo de 1973 y que el cruento golpe militar del ‘76 interrumpiera abruptamente. Pero la gracia luminosa de su poesía sobrevive a la tragedia. Sin embargo, es escasa o nula la difusión que su obra ha tenido desde entonces. Por ejemplo, en la web no hay uno solo de sus poemas.
La única fuente de consulta sobre la vida y la obra de Omar Terraza es el libro Fragmentos de un texto inconcluso, del escritor comodorense J. Ángel Uranga, que conoció al joven poeta y fue su amigo. Editado en 1997 en una edición de autor, es un aporte tan valioso como imprescindible para acceder a una obra que nos parece necesario preservar de los descuidos de nuestra memoria cultural. En el capítulo La cultura que se respira, dice Uranga: “Omar heredará un ambiente cultural inquieto y dinámico, consecuencia de la revolución cultural iconoclasta de la generación de los sesenta en todo el mundo, del boom de la literatura latinoamericana, de la revolución cubana, del hippismo, del rock y pop, del nuevo arte popular en música y poesía, de la juventud rebelde y revolucionaria del mayo francés y del nuevo mayo argentino: El Cordobazo. (…) Pero este trasfondo simbólico progresista debe contrastarse con la realidad provinciana comodorense, donde dominan las gastadas ideas y la inconsciente reproducción de la existencia social, donde nadie piensa más allá de sí mismo, donde el peso de lo constituido oficia de lápida para pensar diferente, de otro modo.”
Desde las páginas del diario El Patagónico, de Comodoro Rivadavia, en su columna Las palabras y los días, el escritor David Aracena -una especie de patriarca, a la vez que maestro, amado por todos los escritores que lo conocimos y frecuentamos su obra-, supo desde un primer momento poner en valor la poesía que Omar dio a conocer cuando todavía no había cumplido los 20 años. En esa columna, tres días después de la tragedia, David Aracena hizo una breve crónica de las últimas horas de Omar y sus amigos. Escribió: “… amaban la alegría, el amor, la amistad. Era su estatura de hombres niños, nacidos en esta ciudad.”
La muerte le llegó demasiado temprano, junto a tres amigos: Jorge Seckar (un eximio dibujante), Néstor Zeni y Carlos Moraga. En la madrugada del domingo 3 de julio de 1977, en la Ruta 3, en el Barrio Industrial de Comodoro Rivadavia, los cuatro amigos inseparables, en un auto pequeño sufrieron el accidente de tránsito fatal.
Quienes lo conocimos o conocemos su poesía lo leemos como una forma de conciencia contra el olvido.


Juan Carlos Moisés
Sarmiento, Chubut, octubre 2008

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