domingo, 19 de abril de 2009

Fresco Cecilia



AGUA

no éramos africanos
asiáticos ni exiliados
de ningún paraíso, pisamos
tierra llena de flores
sin nombre
mínimas
violetas
jugamos en los mimbres
entre el mallín y el lago
-a quién pertenecía o no
no era juzgado-
en el patio
la manguera se izaba como una serpiente
quedaba horas abierta para fabricar barro
y no sabíamos que en áfrica
en asia
acá a dos cuadras.



JUNIO

sobre el mallín encanecido diucas
la última estrella borrada por las nubes
todo el silencio posible en los oídos

el primer copo
girando desde lo alto.



CINCO DE ABRIL

Naufrago como vos
me come un monstruo como a vos

no respiro en una cama de hospital

goteo en una cama de la morgue.

Abril se acerca
sé lo que va a suceder
y no puedo alejarles la desgracia
no puedo detenerlos

no crucen esa puerta

esténse quietos

les hice un lugarcito en esta casa
tengo tostadas dulce mate
desayunen acá

tanto que pueden acostarse conmigo
en cada sueño.



LAS HUELLAS (frag.)

UNO: DOMINGO AL MEDIODÍA. EL HOMBRE SE DIO UN GOLPE EN LA CABEZA. DESPIERTA EN UNA HABITACIÓN. NO RECUERDA QUIEN ES. EN LA CAMA DE AL LADO HAY UNA MUJER DESNUDA Y EN CUCLILLAS. ES BLANDA PERO BELLA.

El techo es muy alto, el piso verde, las paredes verdes, por el silencio parece un mediodía de domingo.
Me duele el centro del estómago. Hay una mujer al lado mío, está desnuda. Sostiene las piernas flexionadas apretadas con los brazos y la frente apoyada en las rodillas. En esa posición parece dedicada a retratar mi angustia.
No sé cuánto tiempo pasó. Sé que me di un golpe en la cabeza. Sé que no recuerdo.
¿Recordaré alguna vez?
Si pudiera destrabar su posición me calmaría, estaría bien, no hay nadie alrededor y puede ser un buen comienzo. Desde que desperté está quieta. Quiero verla entera, quiero que se mueva. Podría ponerse a gritar si la toco, aunque no se, no creo, parece estar más allá de los sonidos.
¿Pero por qué destrabarla?
Porque mientras sigue inmóvil el tiempo no pasa. Tal vez sea un castigo. Tal vez mi castigo sea el silencio al lado de una muda en una cama de hospital.
No veo ningún indicio, soy yo el que está quieto, el que se queda en una cama de hospital quién sabe dónde. Ahora ella, distraída, separa las rodillas mostrando un sexo negro y malva, se chupa el pulgar como si no tuviera dientes. No vino nadie ni nadie trajo algo de comer, hay varias camas y sólo nosotros dos. Hace quién sabe cuánto no digo una palabra.
Ella se deja caer de costado en la misma posición, se duerme y no parece un ángel pero yo sí parezco un muerto, se chupa el dedo soñando, el pulgar arrugado.
Parece que es la muerte: la muerte es una cama de hospital en un pabellón vacío. La muerte es, en cuclillas, una muda al lado...

..CUATRO: 5 DE FEBRERO. ELLA PASA LA NOCHE EN TACNA, ESPERA A QUE SALGA SU TRANSPORTE. AL SUBIR AL CAMIÓN SE ENCUENTRA CON LA ABUELA DE SELENE.

Caminé mientras se iban abriendo los puestos. Las mujeres se sentaban en el centro de sus polleras, la que no vendía guisos vendía choclos, comían temprano desayunos grandes como almuerzos. Los hombres desplegaban pejerreyes del lago y nadie escapaba al código de sombreros. Salvo la mía no había una sola cabeza descubierta.
Con el sol fuerte del mediodía y el cansancio me acosté en la plaza como una turista más, con la mochila de almohada.
Soñé que estaba en un bar, con una remera blanca y la piel tostada. El pelo un poco mojado y todas las bebidas a mi disposición. No había nadie, el aire estaba fresco, suave, perfecto. Mi cuaderno de notas y mis fotos sobre la mesa. Afuera la gente pasaba desolada. Mujeres y hombres tenían la misma camisa gris, estaban rapados. En el sueño, del lado de afuera hacía un calor insoportable, lo sabía al tocar el vidrio. Me miraban. Me miraban con envidia y sin odio, ahí podía estar cómoda, a salvo del sol.
Me levanté, me serví jugo. Me senté, escribí. Me levanté, fui al baño, me serví hielo, me senté. Todo lo que necesitaba estaba a mi disposición: me sentía atrapada. Fui hasta la puerta, era de doble hoja, de calidad. La empujé para salir pero estaba sellada. Los ventiladores de techo difundían el aire perfecto, empujé más fuerte y nada, reboté yo pero las hojas ni se movieron.
Dos o tres cabeza-rapada pegaron la nariz al vidrio y me hicieron gestos que no supe si eran buenos o malos. Reboté una vez más contra la puerta, intenté con las ventanas pero no hubo modo. Estaba condenada al bienestar solitario mientras los que parecían expulsados de un asilo caminaban por la calle.

Me desperté mojada. Habían retirado los fuegos de la plaza y todos estaban delante de los puestos fríos. Pregunté la hora y no sabían. Deben ser... Pues serán las...
El sol había cruzado el mediodía y era tiempo, posiblemente, de ir a ocupar mi lugar en el camión. Tomé jugo, no conseguía tener hambre: las frutas parecían demasiado perfectas y el pan sucio. Decidí ir a Arequipa, porque sí, porque conocía el nombre de la ciudad y el puentecito escondido de algún vals.
Cuando llegué al camión estaba lleno, igual de silencioso pero completo de mujeres. No sabía si se viajaba separando los sexos o si era una casualidad. Yo tenía ganas de hablar pero no me animaba, temía encontrar la misma negativa del idioma en cada chola sentada.
Mientras trataba de ubicarme vi a una anciana que me decía hola y tendía la mano haciéndome un espacio al lado suyo.
-¿Quieres sentarte aquí?
Cuando se la agarré me dio confianza. Se la agarré amorosamente, casi desesperada, como si hubiera encontrado un diccionario, un vaso de agua en un desierto de voz quechua. No se por qué con el contacto de su mano me subió un nudo a la garganta y me senté hasta relajarme contra las maderas de la caja. No dijo nada pero no me soltó, era la primera vez que agradecía el silencio. Apoyó su otra mano en mi hombro y se me aflojó el cuerpo. Después desdobló una manta gruesa y clara sobre mis piernas y sacó del bolso un sándwich inmaculado...

Cecilia Valentina Fresco:
Nací en Buenos Aires en 1969.Desde 1975 viví en Bariloche y actualmente en Villa la Angostura. Desde siempre escribo, en poesía dos libros (inéditos)Versiones de la Araña,Caja Zeta y una novela Las Huellas. Textos míos salieron publicados en revistas (La Danza del Ratón, El Camarote, Espejos del alma, Diario El Cordillerano) cuentos en una antología del Fondo Editorial Rionegrino en 1987 (Sin Venganza no hay Madera) y otra del Fondo Editorial Municipal de Roca en 2008 (Estación trece). Actualmente también en una antología de poesía rionegrina compilada por Raúl Artola.
Menciono a Carolina Biscayart, Mónica de Torres Curth, Martina Cianis, Paz Lévinson, Alejandra Pérez, Eliana Navarro, Gustavo Wérfeli (Bariloche)Diego Reis, Marcelo Candia (Roca) Laura García (Villa la Angostura)