miércoles, 2 de septiembre de 2009

De Matteo Sergio








“Semillas”

Sólo desnuda da sombra la flor
Roberto Juarroz


I
Enciende el fuego
enciéndelo,
encendidos todos los fuegos
repártelo;
pero al fuego
de los fuegos,
protégelo.


II
Entrar a la noche
para desnudar a la flor;
con ambas manos
destejer los hilos de su cuerpo.
Y en el crepúsculo
renacer desde la sombra
ante la flor desnuda.


III
A cada paso que das en el mundo
arriesgas tu luz, pero no toda tu luz.
Aunque a veces cruzas los puentes
y haces equilibrio en los andamios,
sabes que acechan siempre las sombras.
A pesar de todo, das pasos en el mundo.


IV
un hombre sostiene en sus manos
dos corazones
como si fueran pájaros
desafiando al viento

ese hombre rastrea pulsaciones de luz

tiembla sobre sus piernas

se socava y nombra

canciona


V
una mujer cautiva a un hombre
y lo sostiene como si fuera una rama
lidiando contra el tiempo

esa mujer apaga incendios

su beso es el paraíso


VI
la distancia
entre ambos resplandece

se cierra
para ocultar la sombra

quiebran la luz

una noche de amor puede ser infinita

a Casiana


“El silencio del agua estanca”

Ya el horizonte se deshace, la piedra
arrojada al agua abandona su centro perfecto,
su onda constante y majestuosa;
yace en el fondo, horadando el instante.


el silencio de la arena de la playa que contiene el agua estanca
el silencio de la piedra que descansa sobre la arena de la playa que contiene el agua estanca
el silencio que sostiene el propio silencio en el profundo silencio
un hombre que se acerca en silencio hacia el agua estanca
un hombre que se sienta en la arena de la playa que contiene el agua estanca
un hombre que toma la piedra que descansaba sobre la arena de la playa que contiene aún
[el agua estanca
el hombre que en algún momento estuvo en silencio no puede soportar los sonidos del silencio
el hombre hace ruido con su pensamiento hace ruido con sus manos hace mucho más ruido
[con sus recuerdos
el hombre y los alrededores ya no se hallan en la calma del silencio primordial
el silencio no habita ni puede habitar en un hombre que desea
el silencio es ultrajado por la respiración del hombre que no puede abandonar su mundo pleno
[de resonancias
el hombre no tiene paciencia juega en la mano con la piedra que descansaba sobre la arena
[en la playa que contiene el agua estanca
el hombre se pone de pie mira a la distancia alejándose de sí mismo porque le teme a su
[propio fantasma
el hombre estira la mano en la que lleva la piedra recogida hace un instante cuando quería
[descansar del eco urbano
el hombre realiza un esfuerzo y arroja la piedra hacia el agua estanca rompe el aire rompe
[el silencio rompe el soplo de meditación
el hombre observa el impacto de la piedra en el agua que estaba estanca se regocija
[por su potencia y puntería por el estallido que deviene en los círculos que se expanden
[como la historia de todos los hombres que han venido a este lugar a buscarse
[y huyeron asustados al verse en el descarnado reflejo que les devolvía el agua
[estanca
el hombre que podría ser cualquier hombre que esté entre nosotros da vuelta su espalda al agua
[pisa sobre la arena de la playa que contenía el agua estanca y deja
[el presente caerse en el tiempo pasado
el hombre se marcha y retorna la soledad a este lar que permanecerá en silencio hasta otro advenimiento
[para repetir la misma jornada en donde habrá otro hombre que tomará
[otra piedra sobre la arena de la playa que contiene ahora una piedra hundida
[en el caudal arremolinado de lo que era el agua estanca
una piedra que pulsa como un corazón delator en el agudo silencio del universo


a Gabo Ferro
y Debrik Ankudovich



“Polvareda en las bardas”


Jornada que prolonga su duración sobre la tierra polvorienta.
Cielo más que amplio y más que recto:
vastas horas de lumbre en el horizonte de la pampa.

Nubes, pájaros y humos surcan por el firmamento,
son como sombras que van ocultando antiguos astros;
y en su viaje señalan rumbos, anuncian profecías,
tal si fueran dioses convocados, piedras solares.

El paisaje insinúa con decir algo; quizás musitar la clave del universo.
En la lejanía, caballos redomones, caldenes persuasivos.
En la siesta todo evoluciona morosamente.
Sobre la espalda del médano reposa el matuasto original.

Mientras tanto un ánima le rinde cuentas a la memoria:
camina el paisano espectral por las bardas,
el poncho al viento, la alforja repleta de papeles:
descubre colores, intuye sonidos, escribe, puntea melodías,
cantares consumiéndose como una hoguera taciturna.

Un rostro trasciende el espejo, curtido, pero sin mácula,
con signos en la arena ha conjurado todos sus pecados.
El laberinto, el pueblo o el sueño persiguen a cada uno de los hombres.
Aunque la bicicleta ha perdido al conductor continúa rodando
por las calles; giros y giros por el único eje del tiempo.

Fotografías en blanco y negro: a modo de anclaje del recuerdo.
Un manojo de flores secas, de hojas marchitas,
fue dejando el andariego en la puerta de sus amadas;
besos y señas que fundaron una estirpe,
allá y acá esa mirada vencida por la ceguera.

Pero no hay noche que lo apague, no hay vino que lo duerma,
porque la guitarra afinada con el temple del diablo
no se cansa de reiterar acordes bardinos.

El agua del río está casi quieta, opaca, muerta…

Polvareda en las bardas, Julio, sólo polvareda con tu huella
de regreso a la infancia.


a Julio Domínguez, in memoriam


Sergio De Matteo, nace en Santa Rosa (La Pampa) en 1969. Durante 1992 conduce con Jorge Ferrari y Rubén Ferradás el ciclo radial de divulgación literaria En busca del tiempo perdido. En 1996 anima junto a Marcelo Aromando el programa de difusión cultural Música de cañerías. Ha publicado las plaquetas Soles violentos (1995); Absurdo / Absoluto (1996); y los libros Ozono (1997); Criatura de mediación (2005); El prójimo: pieza maestra de mi universo (FEP, 2006). Miembro fundador del colectivo artístico "Patria de arena" y del "Grupo de la neurona poseída" para realizar trabajos de intervención cultural. Es editor de la revista: Che, Artes y Culturas en Abya Yala, rebautizada Museo Salvaje (2001). Organiza en 1999 y 2000 el 1° y 2° Encuentro Interregional de Productores Culturales. Dirige la editorial Museo Salvaje Ediciones. Colabora con investigaciones, antologías y revistas y sitios web del país y extranjeras. Libros inéditos: Barqueros (poesía, 1997-2002); Canto errante (poesía, 2003); Estar fuera de casa (poesía; —fotografías de Paz Garrido—, 2004); Morder el polvo (poesía, 2005); La luz de las águilas (poesía, 2006); Estatua de sal (poesía, 2006); Los tigres de la ira (cuentos, 1997-2004); La acusación de la incertidumbre (nouvelle, 1999-2006). Investigaciones en proceso: Jorge Luis Borges en La Pampa; Ensayo sobre poesía patagónica; Ensayo sobre literatura pampeana; Muestra de poesía «patagónica-argentina», junto al editor Andrés Kurfirst; Antología poética argentina, junto al profesor Jorge Warley; Publicaciones en torno a la poesía de J. C. Bustriazo Ortiz.