viernes, 5 de diciembre de 2008

Fanese Griselda



Fragmentos del libro todavía inédito Lugares comunes

Hallo las hojas que los salmos solares rememoran

Odisséas Elytis, Al beber el sol de Corinto

Himnario de los apasionados

1.
Pasión que todo lo cumplís de manera rigurosa y serena,
vos dulce mediadora entre pasados y futuros,
todos los caminos remendados sudorosos
vagabundos hacia vos nos conducen y nada nos hiere,
lo ordenás todo y nada sucede sin que lo quieras.

Danos vidas de aire y fuego, selvas y olores,
carnes asadas en la caída de la tarde de otoño,
tendidos cuerpos sobre los leños y entre abrazos.
Te nos daremos sin tristezas reservas sospechas,
ojo que no mira por su rabo manso, manito te daremos
que se alce en defensa de lo malo, pasión,
contra lo inaguantable.

Pasión que todo lo cumplís, veninos
libranos de nosotros y hacenos cuerpo
de tu cuerpo sereno y alegría de tu canto alegre.

2.
Soledad que armoniosa descendés por la barda, decinos
a qué bosque, a qué mar van las obediencias, el olvido,
los nuncamases. A qué muerte la muerte, a qué cárcel
el carcelero. En qué cementerio se aquietan al fin
las diversas clases de payasos pintados
con los tonos buchones del poder, la verdad,
la amabilidad prudente o la avaricia.

Descendés por la barda, en todo te detenés
y en nada reposás. Qué perfecto tu semblante,
qué ágiles tus formas, qué certero tu paso
y no sabemos contemplarte en tu medida exacta.

El amor se piensa, la memoria se talla, el compañero se teje.
Imposible pensar la soledad.
Es agua del río Limay y el río mismo y su orilla grande.
Es alma porque es cuerpo de cuerpos
desaparecidos en los pliegues de la descarnada
historia, y tiempo que les desgarraron y pedazos.
Caricia y lágrima, triángulo blanco y sombra,
pájaro y aire, cuchillo y muerte.

Cada sentimiento es soledad, cada sentido su sombra.
Cercados por los sucesos, ahora esperamos el primer grito.

Noche ya. En nuestras marcas. Y aquí estás ante nosotros,
sos clavelito en nuestra mano y sos mano
en nuestros ojos, y nuestros ojos sos en nuestra voz.
Soledad, sos silencio y te venís pareciendo al silencio.
Sos promesa para los hacinados y te asemejás a la noche oscura.
Sos piedad para el torturado y te nombran como a la ira.
Sos tierra en la uña del sin tierra
y te vemos como a sueño pasajero.

Soledad que siempre negás lo finito y lo infinito,
no dejes que esta noche se escape de nuestras manos,
de nuestros dientes,
acostate aquí y descansá en nosotros tus armonías.

3.

Bello es vivir cuando la pasión es fiel de su peso y norte
de su aire, si todo lo cubre como escarchilla de fuego en enero,
si todo lo abraza como garza abriendo vuelo sobre el agua.

Pasión, cansancio del quieto, castigo del casto, corazón,
desmesura en todas las medidas, guardiana de nuestra vida,
tamaño cierto de dolores y alegrías, acento del júbilo:
nos das libertad de vos y no la queremos,
nos ofrecés calma tibia y no la aceptamos.
No queremos un parecido del mundo y su sombra,
sino el mundo mismo con sus madres y sus tormentos,
sus poetas y su oscuridad, su luz y sus limoneros, el huequito
entre las costillas donde hacen cosquillas los compañeros.

Cautiverio de discordia, de doliente finitud, nuestro tiempo
es un molino de yuyos. Presos a gusto de tu ser,
sólo nos encontremos en vos, puesto que lo que pasajero es
-eh, pasión- en vos es perdurable y leva.
Lo que es angustia, en vos libertad,
salmones que suben y razón de pelea.
Si nos apartás de vos, nos apartás de todo;
si de nosotros te alejás, nos alejás de la luz.

No al frío. A las sombras, no.

En nosotros pensamos cuando te pensamos
y sólo somos en nosotros si estamos en vos.
Todo es donde vos estás
y si te callás, se calla el mundo y nos extraviamos.
Y si te callás, perdemos
la senda concisa y perdemos palabra.
Dulce y a veces acerba intermediaria entre mundo y una,
dejanos ver con tus ojos el mundo
que ves,
y dánoslo.

4.
Caemos lentos círculo a círculo (¿qué nos querés, amor,
qué nos querés, vida de la vida sin muerte,
tiempo a tiempo, sin laureles?).
A la izquierda de las acequias aprendemos a rodear
el nombre, el nombre del viento:
viento de los amaneceres del cuerpo
(¿en qué parte del cuerpo encontrarte, amor, nuestro amor
al este del ala, alcancía de agua y totora y cuerpos y nada?),
viento puro de los atormentados,
de los que caminan descalzos,
de los hambreados,
desmesurados sobre el fuego como espigas
(somos tristes. Lo ancho y múltiple es alegre,
esfera de tierra, yuyo de cielo, corazón desnudo
más desnudo que un hueso llorando, que la muerte más desnuda
por vestida de arpillera y ramas de sauce, más desnuda que la esencia,
que la acequia, que la vida muerta en el viento por los sueños).

Miel de romero en la boca,
en la boca del aljibe,
en la boca de todos:
miel, mate y hortensias, qué descanso para el viento,
qué sueño soltar de una vez la arena seca de los puños,
qué esperanza para el fuerte
(viento de los fuertes que guardan su forma,
la forma de su barca como sauce sin sombra).

No se cernía sobre el sauce sol alguno, ni río
ni sombra alguna. Entramos en nuestro propio nombre
que no nos cernía, desesperados envolvimos
con nuestro nombre las cosas, la ausencia de la ausencia,
el amor de nuestro amor, el país violado.
Entramos en nuestro corazón, pan blanco,
pan negro y dulce, eterno en lo efímero,
y nos consumamos en nuestra sombra.
Alguien dijo:
es octubre y comienzan a florecer las flores,
y calentamos nuestras manos en un fuego de pirelli
(¿qué nos querés, amor?,
¿qué parte de nosotros querés en el mundo?)
y bebimos el llanto sauce de las totoras y leímos el mundo
en los ojos de Teresa Rodríguez,
los jardines en la luz de las hogueras
(fuegos en las rutas, faros,
¿adónde vamos, amor, vida, sueño?),
comimos de nuestra sola sombra, y supimos:
sólo se opone a la luz
la misma luz, el espacio y el tiempo,
nuestros sueños y el hambre.
Alguien nos dijo: es abril y ahí van los ojos de Fuentealba.
Envolvimos los jardines siempreajenos con nuestro nombre
y nuestro nombre con fuego
(el nombre sin medida, placeres del ser, dolor del estar)
y con fuego el desierto de los desapegos
y con hielo, mentira y sombra.
Entramos todos solos en aquel asfalto,
selva oscura en medio de la vida,
caemos sin fuerzas en lo caído,
círculo a círculo,
para alcanzar la luz mayor de la grisura de la boca famélica
(¿qué nos querés, vida de nuestra vida sin sueños?).

Bio
Crecí en Allen (Río Negro), aunque no nací allí. Chacra, barda. Biblioteca. Líneas breves: verso, descubrimiento. Escuela puaj. Entonces, escribir. Editorial Limón publicó Las viejas acostumbraban encerrar el dulce de membrillo. Feliz. Tengo varios libros –poesía- inéditos, y ahora escribo relatos brevísimos, dizque microficción o minirrelato. A saber.

Me gusta leer a
Valeria Flores, Hilda Doolittle, Macky Corbalan, Sharon Olds, Graciela Cros, Sylvia Plath, Marcela Saracho, Oscar Cares, Ezra Pound, Rafael Urretabizcaya, César Vallejo, Gerard Manley Hopkins, Padeletti, J. L Ortiz, Rosabetty, Marosa, Claudia. Hay más, sí.