
Fotos de cartón
I
no domina el cartón
el pliegue se vuelve
hay una anguila doblando un cartón
la caja está llena
afuera de la caja se guarda lo demás
lo que está ciego
lo que deja del cartón es
lo que se puede doblar
II
pisa el hueco del tetra y lo levanta
el estruendo queda atrás
no cabe dentro del carro
el sonido del cartón
sólo se propaga en el vacío
III
se lleva a sí mismo
en lo que da de comer
el peso neto
y el peso escurrido de la leche
el té del hijo de la merienda
residuos de la tarde
saquitos por si llueve
un castillo de cartas
para la cena
y un pedazo de mujer
para mojar
Fotos en escala
La bruja que barre las líneas de Nazca
sabe que el mal de altura
no es esa paja que vuela
sino la tierra
que nunca se acaba
Nomadismo
A Teuco Castilla
un pedazo de aire contenido
en la parte alta del ropero
la valija
es un fruto de estación
invisible
como la mano
del titiritero
(Textos inéditos)
Budapest
Baila con la más fea. La más mía, la lejana. Despliega su muda de piel. Yo digo con la más linda, soy su voz en off. Del silencio a la palabra, un paso. Soy la que se queda. En todas partes. En ninguna parte.
Hemos hecho del desplazamiento un cordón umbilical. Tengo miedo de que me coma. No estoy dentro del Leviatán, adentro ya estaría a salvo.
Vamos llevando un cuerpo. La cámara oscura de una ballena nos muestra la foto que flota en el agua. El cielo está cubierto.
El hilo conductor es la silueta de la danza. Una cintura enorme para calmar la sed. El agua está salada ahora, escribo sobre un papel inestable. La ruta es irregular, con curvas pronunciadas.
No toda escritura es sagrada, venimos del agua dulce. Agua de primera prensada. El peso específico de un pie es la diferencia entre los santos y los hombres.
No somos hombres.
Pero siempre hay una primera vez. El pie de apoyo nos eleva. Vamos buscando el cauce con un ojo sano y otro de palo...
(Fragmento de La Masmía, 2007, inédito)
Bio/Biblio
Silvia Castro nació en Gral. Roca en 1968. Es poeta y fotógrafa. Fue maestra rural en Río Negro hasta 1993, trabajó luego en escuelas de Ciudad Oculta, Soldati, Villa 2124, y Villa Zavaleta. Desde 2000 es bibliotecaria en La Boca y Constitución. Coordina un proyecto de periodismo virtual para niños en colaboración con la Universidad Nacional de Lomas de Zamora. También organizó el ciclo Mate Cocido Literario, donde se difunden producciones literarias infantiles. Como docente editó Léale sus derechos, la fotonovela Amor en Lezama, y el CD Poemas y Canciones de Federico García Lorca. Como fotógrafa, los libros Anagramas, Sphera, Pehuén, Abra, Sin párpados, La soga de la ropa, y Dulce Aldea/Copahue. Su serie Instrumentos de viento ilustra el libro Trenes de Alberto Muñoz. Integró el grupo Tura de Tex de poesía con quienes publicó Tura y Nos. En 2006 publicó La Selva Fría, declarado de interés cultural y educativo por la Legislatura de Río Negro. Participó en el ciclo Poesía y otros lenguajes en Bs. As, en el Encuentro de Escritores de Puerto Madryn y en el Encuentro Binacional Conversaciones de Otoño de Gral. Roca, con Colo Parra y Tita Tagliani, donde presentó Laica y Textos del Río. Integra el consejo de redacción de la revista El Camarote, con la que colabora desde 2007. Parte de su obra reciente está publicada en http://silviaocastro.blogspot.com/
Contar hasta cinco
Muy complicado para mí. Aparte, creo que las familias que mejor funcionan son las que tienen abuelas discretas. Si tienen un nieto favorito, lo sienten, pero no lo dicen. A veces es mejor no saber del todo. Porque nunca se sabe... la vida es larga, y en ella suceden acontecimientos sorprendentes, imprevisibles. Mis afinidades electivas cambian conmigo. No puedo elegir cinco patagónicos y decir que muchos otros más me gustan. Hay muchísimos patagónicos que no leí todavía, sobre todo de Santa Cruz y Tierra del Fuego. Sigo leyendo: en Buenos Aires mis viajes de bondi duran por lo menos una hora. Tomo cinco por día: el 446, el 10, el 25, el 84 y el 134 (y muchísimos más...)
Influencias
En General Roca, siendo una adolescente aún, desenterré del fondo del patio, junto con los libros rojos de mi tío Hugo, un ejemplar del año 1969 de la piedra que canta de Bustriazo, que le regaló y dedicó Fernando González Carey. Mis primeros poemas fueron plagios del Flamenco, para consternación de toda mi familia, que esperaba otra cosa de mí. Mi tío sostiene su exilio eterno en Barcelona y yo el mío en Buenos Aires. Los dos escribimos bastante sobre la Patagonia. Uno suele escribir sobre lo que no tiene, y lo convoca.
Leo mucho a los expatriados: Joseph Brodsky, Derrida, Beckett, Vonnegut. Y los viajeros como Sebald o Castilla. Los abundantes como Marosa o Lezama. Los iluminadores como Blanchot, Pascal Quignard, Juarroz y Michaux. Me cautiva el desparpajo erudito y brutal de Ezra Pound, no su fascismo. Y la picardía ninja de Borges, la resbalosa operatoria que lo vuelve partícula subatómica en un acelerador. Me gusta Deleuze aunque le guste también a los sionistas de derecha, y lo usen para matar palestinos. Y Baruch Spinoza puliendo lentes después de haber sido maldecido y echado del guetto. Me gustan las molotovs que abren boquetes en las paredes de los guettos, y la diferencia circulando por los agujeros.