I
Aquel hombre
es un demoledor
de la sombra del silencio.
Tiene el costado oscuro
disimulado por el ángel.
II
Escribo y rezo la escritura
desde la rasgadura de la nostalgia.
La mirada huye de mi refugio
y busca la protección
de la noche del árbol.
Intuye su última metáfora
el descalabro de la imagen
el suicidio de la palabra.
Plena de furia
tierra mujer la protege de sus hijos.
La única lágrima
devora la ausencia
confiesa la herida.
Rezo un Dios
que me libere del espanto.
Rezo un Dios.
Rezo un Dios
que me sueña.
Rezo un Dios
que sueña que lo rezo.
Rezo un Dios
que sueña que lo rezo y me sueña.
Dejo de soñar en el sueño de un Dios.
Dejo de rezar
un Dios que me sueña.
Dejo de soñar un Dios que reza.
Dejo de rezar.
Dejo un Dios.
Entierro mi corazón.
Con una cruz
disimulo su latido
mientras la tarde
se desmaya sobre la montaña.
IV
La noche
vomita el dolor del mar
sobre tu cuerpo.
Ebria de cómplices
se tira encima de tu ausencia.
Una mujer
baila vacía de vos.
Ángeles sin alas
desenfrenados
te dibujan una esperanza.
El sábado agoniza
anclado a tu sed.
La luna se abre de piernas
para parir un domingo más.
La fiesta
es un embrión de tu coraza.
VI
A medias viva.
Muerta a medias.
Vestida de verdades
sobre mi piel sin ropas.
Desnuda de mentiras
sobre mis huesos sin piel.
Sobre mis huesos.
Sin piel.
Sobre mi piel.
Sin huesos.
Sin mis huesos.
Sin mi piel de huesos.
Sin mí.
Sin mis huesos de piel.
De piel y huesos.
De piel.
Muerta de piel.
De pie.
Muerta y de pie.
XXXII
Nena, tocá el piano.
Entre arpegios y melodías
pasa la vida por tu ventana
y el sol es de los demás, Nena.
Nena, tocá el piano.
Vos sí que sos inteligente y podés ser concertista.
Nena, obediente y responsable
machaca sobre las teclas
“Nunca tuvo novia pobrecita”
y le sale muy bien.
Marylena Cambarieri
Nace un 25 de septiembre de 1964 en Viedma, Río Negro. Es profesora de letras y editó “Fragmentos del ángel”. Editorial Camarote. Viedma (Río Negro) 2.006- A ese libro pertenecen los poemas